
Aunque por su aspecto podría ser perfectamente un frasco más en las repisas del cuarto de baño, este impresionante tarro no alberga una carísima fragancia, un gel especial o una crema milagrosa.
Mejor que todo eso, guarda en su interior la esencia de la cultura mediterránea: el aceite de oliva, que además se presenta en ésta ocasión como la cabeza de todos los aceites.
Elaborado con las aceitunas más codiciadas de la región mediterránea de la Provenza francesa, algo que se lleva al extremo de que si un año la cosecha no es excelente no se produce este aceite.








